Abres los ojos,
miras el cielo,
levitas en silencio.
Te llegan señales de vida a través de la piel,
a través de las manos,
a través del aire que respiras,
a través de la luz en tus ojos.
Te llegan señales de vida
cuando sientes y escuchas los latidos del corazón
fiel e incondicional.
Fiel porque lo llevas dentro,
incondicional porque no le importa si no reparas en él
mientras cumple su misión:
con cada latido llevar agua de vida a todo tu cuerpo,
a todas tus células,
a todo tu ser.
A él sólo le importa que estés viva.
Algo se mueve junto a tu hombro derecho,
miras hacia esa coordenada,
es una cabecita inconsciente pero sonriente,
tu brazo izquierdo recibe otra señal,
miras a ese lado,
descubres otra cabecita.
No te mueves,
quieres disfrutar plenamente de ese momento,
no quieres terminar de despertar
ni quieres despertar a tus ángeles
de ese sueño mágico.
Cierras los ojos,
vuelves a flotar.
Sientes que lo que quieres,
lo que amas está contigo,
tus pequeñas flores que ya no son tan pequeñas,
han aprendido a conjugar verbos,
han aprendido a contar,
sin que lo percibas,
con cuantas cucharillas de azúcar endulzas tu café,
han aprendido a reprocharte si usas una demás,
tienen el secreto para hacer que la sonrisa regrese a tu rostro
después de espantar con sus alas
las tristezas de tus mejillas,
guardan la fórmula justa y perfecta
para convertir tus sueños
de mujer hija,
mujer amiga,
mujer madre,
mujer compañera
y mujer esperanza
en rayos de luna y estrellas brillantes
para que todos los seres que habitan el planeta sepan
que no solo de sol vive el hombre...
Alessio
Día internacional de la mujer 2012