La última vez que te acompañé, fué exactamente el primer atardecer de mi última primavera. Aquel día, nos quisimos por que sí hasta la puesta del sol, vivimos lo que pueden soñar los jóvenes en amor sin contrato ni condiciones... en pleno día del amor.
Después de dejarte, caminé. Mis pies y mi cuerpo se dejaron llevar envueltos por el encanto de las brillantes luces y mágicos matices de siete mil trescientas noches de una ciudad que no era mía. Y no volví.
Desde entonces, me alimenté de luz de estrellas, aprendí a escribir poemas en pétalos de rosas sin jardín, a respirar con el alma, a soñar canciones sin voz, a mirar sin abrir los ojos, a marcar horizontes sin brújula, a empezar... pero sin terminar.
Fueron noches largas y frías con el claro de luna. Intenté preguntarle a las estrellas por qué, quise empezar otra vez... pero el amancer ha llegado. Puedo sentir que el sol ha vuelto a acariciar mi rostro, extiendo las alas que me dejaron los sueños sin contratos ni condiciones, marco el horizonte, levanto la cabeza para mirarte, pero hoy, justo hoy, me doy cuenta que ya no puedo abrir los ojos...
Alessio
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