jueves, 4 de febrero de 2010

Prescindir

Puedo prescindir
del mar,
de la montaña,
de la mañana,
del sol,
del cielo,
de las praderas del llano,
del invierno,
de la lluvia,
del pan y el vino,
del cirio encendido,
del cardo y arena,
del inventario de Benedetti,
del circo del sol,
del granito de Comanche,
de los colores de Dalí,
de la niebla de El Alto,
de la nieve que queda en Los Andes,
de mi primer, del segundo y de algún otro amor que detesté en su tiempo y ya no me importa.

De mi brújula,
de mi colección de chucherías que sólo yo las entiendo,
de mi manual para fabricar petardos y la pólvora que no me acuerdo dónde escondí porque estamos en tiempos de paz,
de la pistola que heredé de mi padre y aún no la tengo registrada,
de mi pluma con la que me gusta escribir versos,
de mi colección de películas (13 originales y el resto piratas)
de mi caja de fotografías tomadas en Belo Horizonte, Buenos Aires, Montenvideo, Bogotá, lima, Arequipa, Rio de Janeiro, Piuma, Minas Gerais, Sao Paulo, Quito y el patio de mi casa.

De mi epistolario (prefiero quemarlo)
de mi cuchara de boy scout que guardo desde que mi hermano mayor fue lobato,
de mi bombilla y el mate favoritos,
de los versos que no te llegaron porque no me gustaron,
de la biblia que me regaló mi hermano,
de los clavos coloniales rescatados de una excavación en la casa de la moneda de Potosí,
de mi libro de masonería de 1875,
de mi álbum de estampillas que no logramos terminar con mi padre,
de los libros de música y partituras que mi padre interpretaba en sus tiempos de ocio,
de los versos para ti que aún tengo "In pectore".

De mi tiempo sin ti,
de las noches,
de los días,
de los medios días,
de los amaneceres,
de los soñares,
de los despertares,
de mis penas y alegrías,
de mis logros y fracasos,
de mis proyectos,
de Dios NO QUIERO,
de mi hija no debo,
de ti…
mi amor,
de ti no puedo.

Alessio
Febrero 4 de 2010

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