Gracias a ese tu no, tengo lo que tengo ahora. Y ese no de aquel tiempo, me permite -en esta nueva cercanía- verte con otros ojos,
verte con otra mirada, sentirte de una manera tan distinta de la manera de
aquel entonces. Un mirarte diferente pero comprenderte íntegro, un quererte específico pero en todas tus esencias, en todos tus matices, en todos tus aromas, en todas tus
cicatrices grandes y pequeñas, aquellas que llevas marcadas en la piel y en el
alma, esas que sólo pueden verse con la claridad del paso del tiempo, con los
ojos abiertos desde el fondo del espíritu y con la mirada forjada en la
claridad meridiana del amor. Gracias a ese tu no hidalgo pero temeroso, pero gratificante, pero verdadero a la vez, te amo.
martes, 6 de junio de 2017
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